miércoles, 28 de abril de 2010

Mr Collins spin-off: “La felicidad cotidiana”

-Es absolutamente necesario cultivar nuestra humildad. Como os decía ayer, siempre hay que mostrarse dócil e inclinar la cabeza cuando nuestro deber nos lo exija. Y de este modo, ser ejemplo para los demás. Afortunadamente, en mí tenéis un admirable modelo de humildad-. Diez rostros, una docena a lo sumo, escuchaban al párroco de Hunsford. El anhelado sol primaveral había alejado a muchos vecinos de la iglesia ese día. Pero entre los asistentes, había alguno realmente concentrado en las palabras de su párroco, tanto que necesitaba apoyar la cabeza sobre el pecho y cerrar los ojos.

Terminado su oficio, el señor Collins se encaminó a casa, donde su mujer le esperaba de excelente humor. Cuando terminaron de comer, Charlotte le comunicó aquello que la alegraba tanto.
-Elizabeth me ha invitado a pasar unos días en Pemberley. Ahora se celebra una feria en Derbyshire y quiere que vayamos juntas.
-No sé si es correcto que abandones nuestro hogar-. Collins le contestaba mientras confeccionaba el próximo sermón.
-Podré adquirir algunas cosas que necesitamos.
-Creo que no es buena idea…
-El niño se vendrá conmigo, le vendrá bien un cambio de aires.
-En esta edad le conviene estar siempre cerca de su padre y de su valiosa guía.
-Nos iremos el próximo lunes.
-Tengo que decir…
-Escribiré a Elizabeth ahora mismo para decírselo -Charlotte se levantó decidida y salió de la habitación.

Unas horas más tarde, el señor Collins estaba sentado en su preciado jardín con su hijo. La luz del sol ya declinaba y, aunque durante el día había calentado vivamente los campos, ahora daba paso a una fresca brisa nocturna. A pesar de esto, el voluntarioso padre no quería que su hijo se recogiera sin entender la parábola del sembrador.
-Entonces, ¿comprendes ya lo que ocurrió con las semillas?
-Pues que unas crecieron y otras no…- el pequeño Charles jugueteaba distraídamente con un bichito despistado.
-Pero, ¿a qué es debido esto?
-Papá, ¡tengo frío!
-La semilla es un importante símbolo con el cual me siento muy identificado…
-Charles, ¡venga para adentro! Es tarde-. El chico no hizo esperar a su madre y, ante el estupor de su otro progenitor, se escabulló rápidamente dentro de la casa.

“Querido señor Bennet:
Como sé cuánto le gustan mis misivas, no quiero que por mi desidia le falte dicho placer. Por eso vuelvo a escribirle, aunque esta vez no para contarle ninguna novedad acaecida recientemente, sino simplemente para hablarle de la confortable existencia que tengo la suerte de vivir. Porque unido al amor de mi querida Charlotte, a la admiración y el cariño de mis buenos feligreses y a la incomparable protección y amistad que me ofrece Lady Catherine, que casi podría decir que no merezco, se une ahora la satisfacción que me produce mi hijo. El cual, aunque joven, ya va mostrando el fruto de mis enseñanzas. Así que puedo decir, señor Bennet, que tengo una vida plena y dichosa…”

2 comentarios:

  1. Jajaja, que buen relato iróníco, me gusta.

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  2. Genial Catherine! divertido e ingenioso. El lenguaje lo bordas.

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