jueves, 29 de julio de 2010
La vida sigue igual
- Toma María Giga, esta mañana en los cereales me ha salido un viaje al 3.518, ¿lo quieres? A mí no me quedan días libres.
- ¡Vaya, muchas gracias! Pero este año creo que pasaré las vacaciones aquí, está tan caro el futuro. Además tenemos que ahorrar. Estamos pensando en comprar un teletransportador nuevo. El viejo falla mucho, la última vez que lo cogimos para ir a la playa aparecimos tirados en un campo en medio de Albacete, un horror.
- Pues es una pena chica, creo que en ese siglo la producción de toallas es de muy buena calidad, te pensaba encargar una de baño y otra de lavabo.
- Bueno, otra vez será.
miércoles, 21 de julio de 2010
VOLAR
domingo, 18 de julio de 2010
Relatos
viernes, 16 de julio de 2010
Sueño
Pauline en la playa
¿Y esta otra en el Cuatro Latas?. No he vuelto a tener uno igual, era perfecto para cargar la vela, ¡y cómo hervía después de toda la mañana! Tu prima Pauline subía con el bañador mojado y dejó en la tapicería una marca de salitre que nunca me molesté en quitar.
Me decías que te prestaba demasiada atención. Que debía ponerlo más difícil. Que buscabas la pasión por encima de todo. Y claro, el cretino era un espíritu libre.
Pues eso. Que ya puedo mirarlas y reírme de mi bañador y de tu pelo. Pero, sobre todo, que ya puedo mirarlas, y si te enteraras –solo por eso- ahora despertaría en ti el interés que entonces me negabas.
lunes, 5 de julio de 2010
El zaguán

En la esquina, donde María La Porra plantaba su quiosco cada día, se abandonaba la última sombra antes de enfrentarse a aquella calle sin fin, fea y desnuda de vegetación.
Lánguidos niños con mochilas, y señoras sofocadas trajinando bolsas de sandías y tomates la atravesaban absortas en una sola cosa: alcanzar el zaguán. Sus sombras no estaban. Saltaban a cada casapuerta para obtener resuello.
El sol caía a pico desde la primera hora de la mañana a la última de la tarde, desde mayo hasta septiembre. El pavimento reverberaba más allá, y a cada paso se derretían las suelas de los zapatos contra la acera feroz. ¿O eran los chicles que, endurecidos en invierno, recobraban su elasticidad como pidiendo una nueva oportunidad?
Alcanzar el zaguán. La misma excitación del pez que vuelve al agua tras la captura. La garantía de otra bocanada de vida. De otra tarde de verano.
Museo de Bellas Artes de Córdoba.
domingo, 4 de julio de 2010
Cita a ciegas
-Hola-. Se besan.
-Hola, encantado.
Él le retira la silla para ayudarla a sentarse, pero no calcula bien las distancias y ella ya iba de camino. Azorado, la ayuda a levantarse. Le sirven la vichyssoise. Ella contesta atropelladamente a algo que le ha preguntado y el contenido de la cuchara no llega a su destino. Mientras intenta limpiarse su bonito vestido, él empieza a ponerse colorado, parece que se está ahogando. El camarero le golpea, él escupe y empieza a respirar. Con lágrimas en los ojos le da las gracias y son invitados a cava para compensar el mal rato, pero el azar dirige el corcho a la frente de ella. Se despiden en la puerta.
-Si quieres nos tomamos una copa- apunta él sin mucha convicción.
-Estoy cansada- “y dolorida”, piensa-. Además mañana tengo que madrugar.
- ¿Un domingo? ¿Por qué?- pregunta con repentino interés.
Ella contesta con timidez y se sonroja un poco. -Mañana voy a una convención. Es la primera vez que se celebra aquí.
-No será la de… “Exiliados de Rivendel”.
Ella lo mira con los ojos muy abiertos y ambos comprenden. -Aiya!- dicen al unísono. Y, sin dejar de mirarse, juntan sus manos al modo élfico.