sábado, 16 de octubre de 2010

La Amortajada

A pesar de la quietud y del frio gélido, nadie, excepto él, se había dado cuenta que Ana ya se había ido. Las conversaciones en torno a ella continuaban entre susurros más por costumbre que por congoja. En su lecho, Ana inmóvil, trataba de alcanzar los retazos de aquellos silenciosos diálogos. Quería seguir oyéndose nombrada por otros, quería seguir paseándose alegre en medio de su vida. Sin embargo, cada vez las voces se oían más lejanas. “No me quiero ir”, repetía inquieta sin poder mover los labios, “aún no”, volvía a gritar, pero su cuarto seguía sombrío y quieto acompasado sólo por los balbuceos indiferentes de los allí estaban.

De pronto, estremeciendo sus pálidas facciones, él entró en la habitación. Su rostro anunciaba la certeza de una ausencia irrevocable y desoladora. Los dolientes tomaron de súbito conciencia de la razón de su presencia ahí y se pronuncio un silencio interrumpido sólo por los cuidados pasos de él sobre la madera crujiente. Tembloroso se acercó al lecho y posó sus ojos anonadados sobre los de ella. Ana sintió de pronto que volvía a la vida, que sus mejillas se tornaban nuevamente rosadas, y que su aliento volvía a hacerse vapor en medio del frio. Inquieta, alargó su pequeña mano para hundirla y enredarla una vez más en las de él, él sin embargo, somnoliento y agotado, permanecía inmóvil y ajeno a sus esfuerzos.
Ya exhausto, y con la certeza de lo inevitable, tomó una bocanada de aire, y con temblorosa ternura fue cerrando uno a uno los fatigados párpados de Ana. Entre sollozos le susurraba que estuviera serena, que todo aquello era un mal sueño, que no temiera, que volvería con cada primavera a enredar sus manos en las de él y a decirle al oído ¿sabías que eres el amor de mi vida?

jueves, 30 de septiembre de 2010

(Esto no es un relato)

Anoche soñé con La Amortajada. Era una loca que iba por las calles en penumbra con su largo pelo negro y sus vaporosos ropajes al viento. Su cara estaba pálida y sus ojos alucinados mostraban una sombra azul alrededor. Podías verla ir y venir gritando en cada casa su nombre, siempre provocando escalofríos en quien la escuchara.

En una de esas casas, un grupo de amigos estaba reunido cuando llegó el grito de La Amortajada. En un televisor que había en la habitación aparecía ella en ese momento, pero en este caso no decía nada, se limitaba a introducir su mano en el pecho de los hombres que encontraba a su paso hasta atravesarles el corazón.

En un rincón, un recipiente lleno de brillantes, aunque pétreas, torrijas permanecía olvidado en total soledad.

jueves, 23 de septiembre de 2010

1ª Exposición Relatándonos. Picalagarto 22/09/10

Hace casi un año que este mundo nuestro cuenta con más y más pequeñas historias, algunas reales, otras fantásticas, cómicas o dramáticas (la mayoría). La pregunta es ¿realmente necesita el mundo más historias de amor, más descripciones cotidianas, más metáforas? Yo personalmente quiero creer que no está todo dicho ya, que queda mucho por experimentar al escribir o leer palabras nuevas. Que aparecerán nuevos paisajes, nuevos sentimientos nunca antes vividos por nadie, que vendrán grandes libros, los mejores, aún por escribir.
Y en Relatándonos tenemos los nuestros, hemos creado algo bonito, un contexto en el que enmarcarnos, unos ojos que prestan atención a lo que tenemos que decir, y hemos creado otra obra que trasciende el papel que es la nuestra como grupo, como amigos. Son muchos los buenos momentos que hemos pasado juntos. Hemos compartido cervezas (muchas) allá por Chile, hemos andado por el campo, atravesado valles (por lo menos uno) y abrazado árboles. Hemos pasado estupendos días de playa jugando al disco, a las palas, algunos quitándose el bañador o haciéndonos fotos a cual más ridícula. Hemos hecho un club de lectura, nuestro profe ha publicado un libro, etc. Por otra parte también ha habido malos momentos, unos más livianos como el misterioso caso de la mochila desaparecida y otros más graves como los vividos por alguno de los nuestros recientemente. Y lo que es más importante de todo, aún quedan planes, cosas por hacer, ganas de compartir más momentos: hacer una asociación, jugar al pádel, una barbacoa en el campo de Catherine, pasar unas noches en el desierto... y todo lo que se nos ocurra.
Todo esto se podría resumir en las sabias palabras del gran Julio Iglesias cuando dijo eso de: "Siempre hay por qué reir y por qué llorar. Al final las obras quedan, las gentes se van, otros que llegan las continuarán. La vida sigue igual."

La decisión de Bruno

La decisión de Bruno

El padre de Bruno quería que él tuviera los ojos de su madre, ella en cambio quería que tuviera el pelo rizado y una sonrisa honesta y sanadora. Pero Bruno y el destino tenían otros planes, el no tuvo los ojos de su madre ni el pelo ensortijado, le asustó la vida, los ruidos ensordecedores y los miedos comunes, y decidió no nacer, se quedo enjuto y quieto pidiéndole a su madre que le ayudara a volar al país de nunca jamás, desde ahí mira con los ojos de su madre y juega con una sonrisa que llena el aire de pompas de jabón.

La pérdida

La pérdida

Eva soñó que desde su vientre brotaba un gran árbol de ramas firmes y frutos rojos, y de su ombligo un arroyo de aguas mansas y peces de colores. Soñaba que durante el otoño se sentaba bajo el gran árbol y leía cuentos a los niños mientras las hojas caían suavemente sobre sus pies blancos y fríos.
Al amanecer, mientras una suave lluvia tocaba su ventana, Eva despertó con el olor a desinfección incrustándosele como una aguja sobre la piel. Su cuerpo entumecido yacía aún sobre la camilla con el vientre deshabitado, el corazón abatido y la mirada anhelante de otros sueños.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Una historia real

Las primeras horas que pasé en mi nueva vivienda las empleé en limpiar. Era un sábado de finales de julio y fui a llevar algunos paquetes y a acondicionarla un poco. Me gustaba mucho ese piso. Era bastante nuevo, estaba decorado en tonos cálidos y no parecía esconder nada desagradable. Atrás dejaba otro mucho más antiguo, con vecinos ruidosos y paredes de papel y una familia de cucarachas que se empeñaba en vivir conmigo sin contribuir al alquiler.

Detuve un momento mi tarea y empecé a caminar por la casa reconociendo cada uno de los detalles. Al llegar al dormitorio, me senté en la cama para volver a comprobar lo confortable que era. Acto seguido, sin ningún motivo salvo la curiosidad, me incliné y me asomé por debajo. ¿Pero, qué es eso?- exclamé aunque nadie pudiera contestarme. Ante mis ojos apareció un cubo azul con unas extrañas tiras anchas saliendo de su interior. Con gran aprensión, lo saqué de debajo de la cama y lo examiné. Albergaba lo que me pareció un gigantesco tubérculo con una especie de desniveles a lo largo de su superficie. Lo que sobresalía del recipiente eran las hojas del fruto, también enormes y de color amarillo pálido. Intenté sacarlo tirando de sus hojas, pero pesaba tanto que me quedé con ellas colgando en la mano sin conseguir mi objetivo. Así que me vi obligada a cogerlo directamente y entonces descubrí que unas horribles y larguísimas raíces le habían salido por el extremo. Chillando y corriendo todo lo que podía, llevé aquella cosa hasta la basura y conseguí deshacerme de ella. El cubo en cambio lo limpié y lo guardé, porque estando de alquiler, cualquier utensilio susceptible de servir en el futuro viene bien.

Estuve unos días preguntándome por qué habría dejado el antiguo inquilino, un joven aparejador creo, algo tan extraño debajo de la cama, cuando no había quedado absolutamente nada más suyo en la casa. Al final llegué a la conclusión de que se lo habían dado en su pueblo y, sin saber dónde guardarlo, y teniendo en cuenta las cosas tan raras que hacen los hombres, lo había escondido en el cuarto y había olvidado que estaba allí. Debía de ser alguna patata especial o vete tú a saber. Me quedé muy satisfecha con mi reflexión y cerré el caso.

Unos días después, vinieron mi madre y mi tía Amalia para ayudarme un poco con la mudanza. Cuando ellas se fueron, yo ya me sentía plenamente instalada en mi nuevo hogar. Su corta estancia había conferido a esas paredes, hasta entonces ajenas a mí, un débil pero decidido matiz de familiaridad. Así que el primer día que me encontré sola en casa me sentía rebosante de buenas vibraciones.

Había trabajado por la mañana y me había echado a descansar un rato después de comer. Tras el reposo, me disponía a arreglar algunas cosas, pues todavía quedaba que hacer ahora que ya no había nadie más en el piso. Me dispuse a barrer mi dormitorio y ¡oh, Dios mío!, ¿qué demonios era eso? Otra vez debajo de la cama, hacia el centro, había algo. Me metí debajo para verlo de cerca, porque no podía imaginar qué podía ser, pero cuando lo tuve delante de mis ojos todavía me quedé más asombrada. Era una especie de cebolla con una forma muy rara, alargada y estrecha, y estaba atada con un cordón de zapatilla de deporte a las tablas del somier. De modo que quedaba colgando y se balanceaba, como una verdadera cebolla ahorcada.

Me senté en el borde de la cama. Pero ¿dónde me había metido?, ¿qué clase de gente había vivido allí para tener el dormitorio lleno de cadáveres vegetales? ¿Y si todo esto respondía a algo en lo que no había pensado hasta ahora?, algo que ni había osado contemplar como posibilidad y que ahora me producía escalofríos. Allí sola en la quietud de la tarde de verano, con la atmósfera rojiza por el efecto de la luz al pasar por las cortinas, vinieron a mi mente palabras como vudú, brujería, sortilegios… Ya no estaba en mi nuevo y acogedor hogar, estaba en una casa desconocida, llena de misterios indescifrables que me amenazaban. Y lo pero es que no sabía cómo hacerles frente.

Al día siguiente, al comienzo de la jornada laboral, me encontraba un momento sola frente al ordenador y obviamente pensando en los recientes acontecimientos. Entonces tuve una idea, ¿por qué no buscar información en Internet?, ¿no se supone que está todo allí? Quizá encontrara algún ritual purificador contra bulbos malignos. Dicho y hecho, abrí el Google y comencé a escribir “cebolla debajo…”, pero cuál fue mi sorpresa al ver que el buscador ya sabía el resto de la frase, “…debajo de la cama”. Abrí el primer resultado con el corazón latiéndome agitadamente. Se trataba de un blog y alguien escribía “si pones una cebolla albarrana…”. En este punto, al ver que “cebolla albarrana” tenía un enlace, lo pinché y me llevó a una foto de la cebolla en cuestión. Era como la primera que descubrí, más lozana esta, con las hojas verdes en vez de amarillas pero igual de enorme y con la piel escalonada. Volví al texto comprendiendo que estaba a punto de desentrañar el misterio y seguí leyendo “si pones una cebolla albarrana debajo de la cama, a la altura de la pelvis, en tres días se desactivan las almorranas”.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Cierra los ojos

Hoy voy a llamarme Vladimir o voy a vestir túnicas de colores. Hoy me presento en tu casa con un ramo de flores rojas, pero cuando voy a llamar veo por el cristal luces inesperadas y cegadoras, ¿o acaso es mi propio reflejo? No lo entiendo, me doy la vuelta, pido un aplazamiento, una vez más, aún sabiendo que vendrá con recargo. Prefiero seguir soñando, soñar que sueño junto a la mezquita, que toco mi flauta, que una serpiente asciende ondulante. Me mira y sin dejar de bailar me dice “despierta de una vez”. Yo la beso y sonríe. Salgo corriendo, me tiendo en la arena caliente, pero aparecen las nubes, empieza a llover, miro al horizonte y sale un arcoíris en escala de grises. Es hermoso. Cierro los ojos, la azafata me trae una manta, aún queda mucho viaje, nada podría ir mejor.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Xoanón

Aquella tarde fría Xoanón recordaba esa otra, unos meses atrás, en que se desplomó inconsciente minutos antes del descanso del partido. Después, un hormigueo en los dedos de los pies, el dolor articular, el entumecimiento paulatino y el adiós a las carreras por la banda, a las fintas de fantasía y a la promesa de que pronto entrenaría con los del primer equipo.


Pensaba en ello, resignado, mientras ponía su nueva silla de ruedas rumbo al roscón de Reyes que la abuela le había servido en un plato. Al tercer intento logró trabar el pastel con el tenedor y cortar un pedazo que se llevó a la boca con torpeza. El pequeño objeto que asomaba entre la nata sobresaliente captó la atención de todos.


“¡La habichuela!”, gritó alborozada la abuela, presa de una risa que casi parecía un estertor. “¡Pide un deseo!”, le apremió su hermana.“…Te toca pagar, chaval”, pensó Xoanón para sí.


Una vez en la cama, se ayudó con los dedos de la mano derecha para plegar los de la izquierda en torno a la habichuela, apretándola todo lo fuerte de que era capaz. Cerró los ojos y tras concentrarse mucho, se atrevió a pronunciar su deseo.


“Quiero - volver - a jugar - al fútbol”.


§


Aún no se ha acostumbrado a su nueva posición en el campo, a su nueve en la camiseta, y ya es el goleador del equipo. Ha perfeccionado su golpeo de balón: un impacto seco y duro al que imprime un efecto diabólico, que hace inútil la reacción del portero rival. Ha cambiado sus carreras -tan profundas antes- por rápidos desplazamientos laterales o amagos en busca de un hueco entre los defensores contrarios.


Juega, pese a la rigidez de su cuello, pese a la esclerosis de la cadera y a la anquilosis de rodillas y tobillos: Su cuerpo es hierático como el de una escultura de la Grecia arcaica.


Xoanón cumple su deseo casi cada día. Es uno de los veintidós jugadores distribuidos en las ocho barras de una añeja y venerada mesa de futbolín.

lunes, 6 de septiembre de 2010

la dispareja

Ana y Juan llevan 10 años juntos. Ana se eleva con facilidad sobre las preocupaciones, construye mundos mientras apenas roza el suelo, le cuesta orientarse en el día y se esparce y vuela con premura por las noches. Juan clasifica y ordena con meticulosa pulcritud su vida y sus estantes. Elabora listas de obligaciones, quehaceres y placeres. Solo ansía y sueña aquello que ha sido comprobado. Ana ríe y llora a borbotones, es una pileta de emociones encontradas y abiertas. Huele y siente más de lo que ve y escucha. A Juan le cuesta la sonrisa, es taciturno. Por la noches, mientras Ana insomne sueña con los ojos abiertos y cerrados, Juan saca cuentas, elabora listas, resuelve formulas y planifica tareas.
Ambos habitan un pequeño mundo itinerante alejado de los torbellinos nocivos de los malos deseos y abierto de par en par a susurros venturosos y risas desatadas. Su casa esta poblada de ventanas grandes y blancas, por unas entran amigos cargados de risas, relatos y amores, por otras entran olores y sabores antiguos. Por las más grandes van saliendo los temores, los odios y los malos presagios.
Por las tardes, Ana y Juan se sientan en el portal de su hogar. Mientras Ana habla y reconstruye los sueños propios y mutuos, Juan la abraza, sonríe y se deja llevar sin planificación alguna por ese mar de buenos deseos y anhelos.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Abogado del diablo

Habían transcurrido casi dos años y como no podía haber sido de otra manera, Pemberley, aquel lugar tan imponente y maravilloso se había vuelto insufrible para Darcy

- Hola, hola, ya estamos aquí de nuevo – le saludó casi sin mirarle su querida suegra- Uff qué viaje más agotador, me parece que pronto tendremos que mudarnos más cerca porque unas señoras como nosotras no podemos estar todo el día de aquí para allá. Y esta niña… pero Mary deja ya de mirar ese libro y ayúdame con este vestido. Ay Dios mío cuándo encontraré un marido para ti. Fíjate en tu hermana, gracias a mis consejos, qué buenas posesiones tiene…

Darcy se dio medio vuelta, justo cuando aparecía Lizzy quien vio la cara de resignación de su marido. A pesar de sus esfuerzos por mantener lejos a su madre y hermanas, a excepción lógicamente de Jane, siempre se presentaban en el peor momento, y últimamente Darcy no estaba de humor…

- Hola, hijita. ¿Qué…?¿Has pensado lo de la fiesta que te comentaba en la carta que te envié?¿que todavía no la has recibido? Pero si la envié justo antes de salir..bueno, bueno, no importa. Tienes que pensar en tu hermana Mary. Pobrecita, ella no es tan guapa ni lista como vosotras. Tienes que pensar en ella. ¿Me lo prometes?

A Lizzy no le quedó más remedio que decirle que sí, aunque sabía cuál era la opinión de su marido, teniendo en cuenta que desde su boda se habían celebrado ya cuatro fiestas con la misma excusa. Para Darcy, Pemberley era su retiro, el lugar donde olvidarse de la gran ciudad y las gentes fatuas sin más aspiración que el chismorreo y la injuria.

Para colmo el Sr. Benet se encontraba delicado de salud y Lizzy cada vez iba con más frecuencia a visitarle. Al poco de haber marchado su famila, recibió una nota indicándole que su padre había empeorado.

- Voy a ver a mi padre. Está peor. ¿Vendrás esta vez?- le dijo a Darcy aquella noche.

- Pues si tan mal estaba no sé como su familia se marcha y le deja allí solo.

- Ese no es el tema y lo sabes. Desde que nos casamos tan sólo has ido una vez por Navidad y…

- Y es más que suficiente, teniendo en cuenta que ya ellos lo compensan con sus visitas

- Sabes que no es lo mismo.

- Evidentemente que no es lo mismo, y no estoy dispuesto a volver a ver a tu madre cuando no hace ni tres días que se marcharon de aquí.

- Yo no te digo nada cuando vienen tus amigos a cazar o te pasas varios días fuera

- ¿Que no dices nada…?

Últimamente se repetían con más frecuencia de lo habitual diálogos como éste y siempre terminaban igual, con Darcy marchándose. La verdad es que el carácter tan directo e independiente de Lizzy que le cautivó casi desde el primer instante, se le iba volviendo cada vez más insufrible, habiéndole dejado ya varias veces en evidencia ante sus conocidos. Darcy comenzaba a arrepentirse de su impetuosidad…

viernes, 13 de agosto de 2010

Comadres

-Buenos días Anastasia.

-Buenos días. ¿Qué, cómo estamos hoy?

-Ay hija, como siempre. Tardo menos en contarte lo que no me duele.

-A mí ahora me han sacado que tengo la urea alta, y ni siquiera sé lo que es.

-Ah, sí… Eso lo tenía Tere. Le había dado por comer tomates.

-¡Pero si yo no como tomates nunca! Solo cuando me hago ensaladas por la noche y cuando cocino pisto o carne con tomate. Bueno, y ahora en verano el gazpachito y el salmorejo. Pero vamos, que aparte de eso, nada de nada.

-Miento, no era de los tomates, creo que era por no tomar agua. Sí mujer, fue lo que le pasó a tu vecina Paula, y además si tomas mucho gazpacho empeoras.

-Ah, pues eso puede que sí, porque ahora es lo único que bebo. ¿Pero lo que le sacaron a la Paula no era acetona?

-¿Acetona?, ¿eso no es lo de las uñas?

-Sí, sí, y también del riñón.

-Pues no sé… Bueno, y ¿cómo está tu hijo?

-¿Qué hijo?

-El que vive en Alicante.

-Pero si yo no tengo ningún hijo en Alicante, yo solo tengo dos hijas.

-Ah, ¿y viven aquí?

-Una sí, la otra está en Albacete.

-Pues eso, ¿y cómo está?

-Bien, bien, a la pobre ahora le han sacado que tiene acetona.

-Tan joven… ¿y eso de qué?

-No lo tenemos claro, pero parece que es de comer tomates. Oye, ¿tú tenías hijos verdad?

-Sí, un chico, pero vive en Alicante.

-Es verdad, es que una ya tiene la cabeza…

-Uy, ¡a mí qué me vas a contar! Bueno, hasta otro rato. ¿O vas a la carne?

-No, voy al Guillermo, que se me han olvidado los tomates.

-Bueno, pues hasta luego Paquita.

-Anastasia.

-Eso, eso. ¡A seguir bien!

Pensamiento en noche de verano.

A Amanda le gusta entregarse al sol,
recrearse en su lánguido caminar
pisa descalza la húmeda roca,
despacito y atenta para no resbalar.
El sol, el algua y la sal
se disputan los pliegues perfectos
donde poderse mezclar
con el licor amargo que su piel destila
en la rutina animal.
Amanda desnuda, es su estado natural.
Y disfruto en mi lento despertar,
al ver su silueta dorada a lo lejos, difusa,
fundirse con el mar.

Usuario 25227726

Vengo cada día a esta biblioteca pública, leo la prensa y recorro sus anaqueles. Conozco cuántas ediciones de Rayuela sostienen, y que la que más veces falta de su sitio es la de Alfaguara. Se que Julio Verne lleva años acumulando polvo, que Stevenson se lee más en verano, y los ejemplares que se descatalogaron tras el último inventario de hace justo cinco meses. Vengo cada día, menos los miércoles, y algunos sábados, pero para las bibliotecarias soy el perfecto desconocido. Ni siquiera todas corresponden mi buenos días de cada mañana desde hace nueve años. Se limitan a recordarme litúrgicamente que recoja el resguardo de devolución. Y odio que lo hagan.

Sin embargo, ese tipo...

Otra vez ha vuelto a sacar libros sin presentar el carnet con la excusa de que viene del gimnasio. Ese tipo me enerva. Las conoce a todas y todas les saludan amistosamente y entre bromas, Cristina, Mamen, Catherine, Eloisa... Con sus canas se da un aire a Richard Gere pero tiene la hechura del Fary. Y las bibliotecarias incumplen el reglamento. IMPRESCINDIBLE PRESENTAR EL CARNET DE LECTOR PARA EL PRÉSTAMO BIBLIOTECARIO. Pero el cretino les lleva bombones en navidad. Es su salvoconducto para hacerlas prevaricar.

Hoy he vuelto, como cada día, a la Biblioteca. Llevo unos libros para devolver antes del día catorce, viernes, porque yo nunca prorrogo un préstamo, y tengo que sacar otros porque en la cárcel me voy a aburrir bastante. Porque esta semana sí voy a matarle. ¿Funcionará el préstamo interbibliotecario en la cárcel?. Lo haré entre los estantes de poesía –suelo tropezármelo allí- cuando ande hojeando algo con su pose de erudito. En la cárcel no habrá bibliotecarias que me ignoren. ¿Qué mayor satisfacción para un lector pertinaz que diñar entre sus libros?. Le pediré que me lo agradezca mientras agoniza... ja. Debo ser preciso, y no darle tiempo a reaccionar. Serán funcionarios de prisiones y sabrán de mi presencia porque no me quitarán ojo... Un corte limpio, sin ensañamiento, por Dios. Aunque me inquieta qué volúmenes estropeará con su sangre. Debo detenerme a averiguarlo antes de que se me lleven para poder reponerlos algún día. ¿El Afilador de cuchillos de Argullol? jajaja, ¿alguno de José Hierro?, jaja sería un sarc....

-....Señor, no olvide el resguardo de devolución.

The power of love

Cerró los ojos. Intentó poner la mente en blanco respirando lentamente.
"El amor mueve montañas" pensó.
Cuando abrió los ojos su enorme marido seguía roncando en el sofá.

jueves, 29 de julio de 2010

La vida sigue igual

Pixel, mi compañero de trabajo, recostó su cuerpo sobre su mesa alargándome una tarjeta:
- Toma María Giga, esta mañana en los cereales me ha salido un viaje al 3.518, ¿lo quieres? A mí no me quedan días libres.
- ¡Vaya, muchas gracias! Pero este año creo que pasaré las vacaciones aquí, está tan caro el futuro. Además tenemos que ahorrar. Estamos pensando en comprar un teletransportador nuevo. El viejo falla mucho, la última vez que lo cogimos para ir a la playa aparecimos tirados en un campo en medio de Albacete, un horror.
- Pues es una pena chica, creo que en ese siglo la producción de toallas es de muy buena calidad, te pensaba encargar una de baño y otra de lavabo.
- Bueno, otra vez será.

miércoles, 21 de julio de 2010

VOLAR

Un avión siempre me lleva a otro mundo, no real sino interior. Un viaje en el cielo despierta viejos recuerdos: de infancia, cuando veía las nubes algodón de crema batida en la que se podía nadar o correr encima; de juventud, cuando escapando conocía algo de mí y hacía que los demás se preocuparan; de adulta, refrescando la mente con nuevo aire después de días, meses y años de peligrosa, insidiosa y corroente rutina.
El cielo siempre ha sido un refugio; sólo con mirarlo el hombre se siente aliviado. Con los pies en el barro siempre quedan las estrellas a las que sonreir. Y en el cielo el alma se espande, los miedos se van y los sueños regresan, volando.

domingo, 18 de julio de 2010

Relatos

PUERTAS
Cerró con fuerza la puerta al salir de casa y asustó a  unos pájaros que escaparon hacia el cielo. Deseaba lluvia y de nuevo el sol brillaba.
“Otra vez este apático sol”, pensó con irritación mientras se arrastraba hacia su coche.
“Otro día de trabajo, atasco y tediosa rutina...”.
Abrió la puerta, insertó la llave y puso en marcha el motor. Antes de arrancar salió para quitar un papel atrapado en el limpiaparabrisas, y lo tiró al suelo con indiferencia sin mirar su contenido. Salió disparada hacia su monótono día y el papel siguió rodando en el asfalto caliente.
Decía: “Siempre te querría, mi vida”. 
DETALLES
Paseaba por las calles de París, sola, sin rumbo, con el único objetivo de aliviar los pensamientos que no le dejaban descansar, daba igual si con la fresca caricia del viento o el placer de una buena copa de Sauvignon. Los bares le parecían cuevas de desesperados, las personas maniquíes sin personalidad ni conciencia. Tres chicas pasaron a su lado con prisa, el sonido de sus tacones en la acera y sus frívolas carcajadas amplificaron el eco de su tristeza. Iba por una calle que estaba en obras, arena en la vía y en la acera, y empezó a escuchar un sonido placentero. Mientras avanzaba se percató de una niña de unos doce años, que paseaba sola en el borde de la acera, como un escalón por encima de la banalidad. Aceleró el paso y la superó. La miró de reojo y vio que tocaba una flauta. Sonrió.

viernes, 16 de julio de 2010

Sueño

El olor a salitre, mi piel erizada, el rumor del mar. Podía percibir cada detalle, desde la ventanilla de aquél vagón de turista. El ferrocarril bordeaba la costa ofreciéndome todo ese paisaje de libertad, prometiéndome un destino incierto y remoto, casi mítico.
El regional se detuvo en una estación concurrida, nada parecía distinto allí, había tránsito, ruido, historias que comenzaban o terminaban en el andén. No deseé apearme y desaparecer en el tumulto de la terminal, aún no. Algo más que el anuncio de la inminente partida del tren me llamaba al viaje.
Cuando abrí los ojos, regresé.

Pauline en la playa

La resignación es cuestión de tiempo, así que ya puedo mirarlas y sonreirme... ¿pero cómo es posible remeter la camisa tan por dentro? Las fotos amarillean, pero ese pantalón era blanco. Lo estrené para ir a cenar la noche del día en que llegaste. ¿Y cómo es posible pasear por la playa con zapatos de tacón alto? No tenías necesidad de llamar su atención. Te echó el ojo desde el primer momento en que te vio en la orilla, y daba igual el vestido, el bañador, o los tacones. El cretino no volvió a mirarte vestida.

¿Y esta otra en el Cuatro Latas?. No he vuelto a tener uno igual, era perfecto para cargar la vela, ¡y cómo hervía después de toda la mañana! Tu prima Pauline subía con el bañador mojado y dejó en la tapicería una marca de salitre que nunca me molesté en quitar.

Me decías que te prestaba demasiada atención. Que debía ponerlo más difícil. Que buscabas la pasión por encima de todo. Y claro, el cretino era un espíritu libre.

Pues eso. Que ya puedo mirarlas y reírme de mi bañador y de tu pelo. Pero, sobre todo, que ya puedo mirarlas, y si te enteraras –solo por eso- ahora despertaría en ti el interés que entonces me negabas.

lunes, 5 de julio de 2010

El zaguán


En la esquina, donde María La Porra plantaba su quiosco cada día, se abandonaba la última sombra antes de enfrentarse a aquella calle sin fin, fea y desnuda de vegetación.

Lánguidos niños con mochilas, y señoras sofocadas trajinando bolsas de sandías y tomates la atravesaban absortas en una sola cosa: alcanzar el zaguán. Sus sombras no estaban. Saltaban a cada casapuerta para obtener resuello.

El sol caía a pico desde la primera hora de la mañana a la última de la tarde, desde mayo hasta septiembre. El pavimento reverberaba más allá, y a cada paso se derretían las suelas de los zapatos contra la acera feroz. ¿O eran los chicles que, endurecidos en invierno, recobraban su elasticidad como pidiendo una nueva oportunidad?

Alcanzar el zaguán. La misma excitación del pez que vuelve al agua tras la captura. La garantía de otra bocanada de vida. De otra tarde de verano.

"Mal de Amores". 1905. Julio Romero de Torres.
Museo de Bellas Artes de Córdoba.

domingo, 4 de julio de 2010

Cita a ciegas

-Hola-. Se besan.

-Hola, encantado.

Él le retira la silla para ayudarla a sentarse, pero no calcula bien las distancias y ella ya iba de camino. Azorado, la ayuda a levantarse. Le sirven la vichyssoise. Ella contesta atropelladamente a algo que le ha preguntado y el contenido de la cuchara no llega a su destino. Mientras intenta limpiarse su bonito vestido, él empieza a ponerse colorado, parece que se está ahogando. El camarero le golpea, él escupe y empieza a respirar. Con lágrimas en los ojos le da las gracias y son invitados a cava para compensar el mal rato, pero el azar dirige el corcho a la frente de ella. Se despiden en la puerta.

-Si quieres nos tomamos una copa- apunta él sin mucha convicción.

-Estoy cansada- “y dolorida”, piensa-. Además mañana tengo que madrugar.

- ¿Un domingo? ¿Por qué?- pregunta con repentino interés.

Ella contesta con timidez y se sonroja un poco. -Mañana voy a una convención. Es la primera vez que se celebra aquí.

-No será la de… “Exiliados de Rivendel”.

Ella lo mira con los ojos muy abiertos y ambos comprenden. -Aiya!- dicen al unísono. Y, sin dejar de mirarse, juntan sus manos al modo élfico.

Requiem

Llevo 30 años viviendo aquí. Este no es sólo mi lugar, sino la madriguera solitaria desde la cual he hecho frente al tiempo sin tratar de aprehenderlo y a mis preguntas sin apremiar respuestas. Ahora, sin embargo, enferma y extenuada, cuando miro a mí alrededor, me pregunto lo que tantas veces me han preguntado otros ¿Por qué me he quedado tanto tiempo aquí, cuando todo lo que se supone más entrañable para el ser humano está lejos? Solo sé que todas mis ausencias han sido elegidas. Ahora sin embargo el tiempo se me va escurriendo. Por primera vez quiero retenerlo, pero la angustia de la deshora y mi deterioro me cercan. Estoy sola frente al destino, siempre lo he estado, pero ahora me cuesta seguir el compás de mi propia sinfonía. El tiempo tatuado a fuerza en mi cuerpo va dibujándome con desdén día a día la única ausencia no escogida, la mía.

miércoles, 30 de junio de 2010

Desierto horizonte

Declinaba el día y en el ocaso, se vislumbraba rotunda aquella línea inmutable donde se proyectaban nuestras vidas, donde la mirada cobraba sentido, donde se perdía la batalla contra el tiempo.
Llegaba la noche, que en su oscuro silencio envolvía las almas de los débiles, robaba los sueños de los derrotados.
Tan sólo los jóvenes, ciegos de esperanza, sostenían impasibles los ojos sobre la llanura. Los viejos, acechados por otro horizonte, confiaban en la promesa de un nuevo amanecer.

El desierto de los Tártaros (y me dio el siroco)

Hay quienes se recluyen entre cuatro paredes y sueñan con gestas heroicas. Cada día, un mismo despertar de un mismo sueño.
Hay quienes, recluidos, inventan novelas de caballería, cartas de amor o nanas de cebolla. La libertad es un acto estrictamente individual.

Frío

Desnudo en la fría sala
observo correrse la tinta de mis últimos versos.
Lluvia incesante, moja lo mojado,
arruga la piel y entumece mi alma ajada.
A veces en compañía de la pena,
hilo sombras en forma de mujer,
con las que solo consigo conversar en llantos.
Desnudo en la fría sala
observo cómo el agua recorre mi grisácea piel
y entono al son de la desesperación
canciones que susurro
a los rincones encharcados.

domingo, 27 de junio de 2010

Su fortaleza personal

No admite su miedo pero rechaza la esperanza, rechaza la ilusión para evitar el dolor y el sufrimiento. Y se atrinchera en su refugio, en la oscuridad de su dormitorio, en la bondad de sus sábanas calientes, en el silencio que nunca la hará llorar.

lunes, 21 de junio de 2010

Diario de mis días en la fortaleza.

Esta noche he oído al agua cantar.

domingo, 20 de junio de 2010

Por ellos

Laura, deliciosamente deprimente...

Me acerco y anoto sus nombres. Uno debajo de otro. Con pulcritud y cierta ceremonia. Es parte de mi trabajo y es todo lo que puedo ofrecerle a ese puñado de infelices. No tenían nada... tan sólo un nombre.

domingo, 13 de junio de 2010

Cuaderno de Bitácora: El Torcal de Antequera

Los rebeldes esperan como castigo una hora para partir.
Un descampado de gasolinera es sugerido como marco perfecto para retratarnos.
Nos vamos turnando el papel de mascota perruna en el coche del bello durmiente.
Una mochila desaparece misteriosamente en un paisaje marciano. Nos sentimos todos desfraudados de la raza humana. Pero ahora comprendemos mejor a Pocholo.
Un bandolero nos sirve buenos manjares. Una prueba más de que la pluma vence a la espada. La chica del país vecino se atreve a desafiarle: "o dejas ya de dar tantas vueltas o te bailamos unas sevillanas".
En el calor del licor sin alcohol una muchacha habla consigo misma probablemente a causa de su estado: "No sé qué del programa que ve tu madre, cómo se llama. Se llama copla" se contesta a sí misma.
Cantamos canciones infantiles en el coche pero el mochilero no se anima. Normal, lo hacemos muy mal.
Queremos ver lobos en un paraje propicio para esconder al Equipo A y nos dan gato por liebre.
Volvemos sanos y salvos pensando en nuestra próxima aventura.

viernes, 4 de junio de 2010

El silencioso adios

La culpa le habló una noche desde la ultratumba del pasado:
- ¿Qué estás haciendo? ¿Cómo te atreves a soñar con unos ojos nuevos? ¿Acaso olvidas que los dejarías ciegos con la lanza de tus errores?
Ella despertó de golpe. Los ecos de aquella voz todavía resonaban en la habitación. Asintió en silencio, pensando en los cuerpos ya sin rostro a los que había fallado. Cerró los ojos y soltó la mano del fantasma de ese posible amor que dormía a su lado.

jueves, 3 de junio de 2010

La despedida

Miró a todos a su alrededor, se humedecio un poco los resecos labios y esbozo una sonrisa apenas visible. Ya no le quedaba más tiempo, y ya no quería o no podía decir nada más. Desde su lecho observo con ternura la ventana que daba a la pequeña plaza cerca de su hogar, si se concentraba podía oler aun las baguettes de la panadería y oír el melodico acordeón del pequeno bar de la esquina. Ya que estaba cerca decidió ir hasta su casa por ultima vez. Empujó la pesada puerta que daba al antiguo patio de piedras desde donde, desde hace más de 30 años, la llamaban a voces los amigos y vecinos. Acaricio las acabadas puertas de vitroux, que cada manana, a las 9 en punto, inundaban con sus colores las viejas y deslucidas escaleras del lugar.

Subió con mesurada calma a su viejo y amado piso, entrelazandose sus quejidos y dolores con los de la antigua escalera. Recorrió por última vez sus libros y las fotos sobre la chimenea. Se sirvió un té y se sento como cada tarde a contemplar por la ventana de la cocina como salían alegremente los niños de la escuela. Fue a su cuarto y abrió la pequeña ventana para que entrara algo de luz. Se detuvo frente al deslucido cuadro de su país, el retrato de las escaleras y ascensores que poblaban el puerto de su infancia, y recordó el mar y sus sabores.

Respiró hondo, se detuvo en medio de la sala y dijo: "Ya es hora, ya me voy”. Cogió su boina, su largo abrigo azul, el libro aun sin terminar y bajó con cuidado las escaleras. Coloco el pesado llavero a los pies de la entrada, abrió la pesada puerta y caminó rauda hasta perderse entre las sinuosas callejuelas.

lunes, 31 de mayo de 2010

Vacío admitido.

Tengo que encontrar algo que decir y también la forma de decirlo,
quizás, más que encontrar, puede que se trate de experimentar,
por que por ejemplo puedo decir:
las olas rompen con violencia en la roca de tu pecho
y continuar diciendo,
el viento disuelve en polvo de sal mis sentimientos...

Pero la abstracción que me lleva a escribir esto,
¿De dónde viene?¿Qué significa?
¿Tiene algún sentido? O son solo mediocres sucesiones de palabras
que durante años han complacido la vanidad de alguien
que cree y no, saber hacer algo.

Vivir, experimentar, filtrar, llorar, amar, morir, sangrar
y puede que al final, expresar.

Poetas sagrados han besado tristes calaveras esperando ver crecer flores
en la frente de sus creaciones.
Otros fueron vórtice, tamiz y padre de corazones de hierba,
lengua, átomo y semen de generaciones engrandecidas,
diáspora de huérfanos artistas de guitarra, voz y sueño.

El hilo de luz nos premia o nos condena a las circunstancias,
la historia moldea o hace brillar, en el sentido más tosco y pragmático,
de breve llamada de atención, a aquellos que poseen lo necesario
para destacar en el momento oportuno.

Es por esto, que en la tibia laguna del reblandecimiento cerebral
de una sociedad embrujada por las nereidas del teleprograma,
las inquietudes del espíritu soportan el peso
de centenares de despreciables palimpsestos.

Es por esto, que el germen de inspiración, las palabras de Tomás Moro o los sueños de Swift
cada vez tienen menos sentido para la grey del letargo incipiente,
la demagogia política y las mentiras del oro.