domingo, 13 de junio de 2010
Cuaderno de Bitácora: El Torcal de Antequera
Un descampado de gasolinera es sugerido como marco perfecto para retratarnos.
Nos vamos turnando el papel de mascota perruna en el coche del bello durmiente.
Una mochila desaparece misteriosamente en un paisaje marciano. Nos sentimos todos desfraudados de la raza humana. Pero ahora comprendemos mejor a Pocholo.
Un bandolero nos sirve buenos manjares. Una prueba más de que la pluma vence a la espada. La chica del país vecino se atreve a desafiarle: "o dejas ya de dar tantas vueltas o te bailamos unas sevillanas".
En el calor del licor sin alcohol una muchacha habla consigo misma probablemente a causa de su estado: "No sé qué del programa que ve tu madre, cómo se llama. Se llama copla" se contesta a sí misma.
Cantamos canciones infantiles en el coche pero el mochilero no se anima. Normal, lo hacemos muy mal.
Queremos ver lobos en un paraje propicio para esconder al Equipo A y nos dan gato por liebre.
Volvemos sanos y salvos pensando en nuestra próxima aventura.
viernes, 4 de junio de 2010
El silencioso adios
- ¿Qué estás haciendo? ¿Cómo te atreves a soñar con unos ojos nuevos? ¿Acaso olvidas que los dejarías ciegos con la lanza de tus errores?
Ella despertó de golpe. Los ecos de aquella voz todavía resonaban en la habitación. Asintió en silencio, pensando en los cuerpos ya sin rostro a los que había fallado. Cerró los ojos y soltó la mano del fantasma de ese posible amor que dormía a su lado.
jueves, 3 de junio de 2010
La despedida
Subió con mesurada calma a su viejo y amado piso, entrelazandose sus quejidos y dolores con los de la antigua escalera. Recorrió por última vez sus libros y las fotos sobre la chimenea. Se sirvió un té y se sento como cada tarde a contemplar por la ventana de la cocina como salían alegremente los niños de la escuela. Fue a su cuarto y abrió la pequeña ventana para que entrara algo de luz. Se detuvo frente al deslucido cuadro de su país, el retrato de las escaleras y ascensores que poblaban el puerto de su infancia, y recordó el mar y sus sabores.
Respiró hondo, se detuvo en medio de la sala y dijo: "Ya es hora, ya me voy”. Cogió su boina, su largo abrigo azul, el libro aun sin terminar y bajó con cuidado las escaleras. Coloco el pesado llavero a los pies de la entrada, abrió la pesada puerta y caminó rauda hasta perderse entre las sinuosas callejuelas.
lunes, 31 de mayo de 2010
Vacío admitido.
quizás, más que encontrar, puede que se trate de experimentar,
por que por ejemplo puedo decir:
las olas rompen con violencia en la roca de tu pecho
y continuar diciendo,
el viento disuelve en polvo de sal mis sentimientos...
Pero la abstracción que me lleva a escribir esto,
¿De dónde viene?¿Qué significa?
¿Tiene algún sentido? O son solo mediocres sucesiones de palabras
que durante años han complacido la vanidad de alguien
que cree y no, saber hacer algo.
Vivir, experimentar, filtrar, llorar, amar, morir, sangrar
y puede que al final, expresar.
Poetas sagrados han besado tristes calaveras esperando ver crecer flores
en la frente de sus creaciones.
Otros fueron vórtice, tamiz y padre de corazones de hierba,
lengua, átomo y semen de generaciones engrandecidas,
diáspora de huérfanos artistas de guitarra, voz y sueño.
El hilo de luz nos premia o nos condena a las circunstancias,
la historia moldea o hace brillar, en el sentido más tosco y pragmático,
de breve llamada de atención, a aquellos que poseen lo necesario
para destacar en el momento oportuno.
Es por esto, que en la tibia laguna del reblandecimiento cerebral
de una sociedad embrujada por las nereidas del teleprograma,
las inquietudes del espíritu soportan el peso
de centenares de despreciables palimpsestos.
Es por esto, que el germen de inspiración, las palabras de Tomás Moro o los sueños de Swift
cada vez tienen menos sentido para la grey del letargo incipiente,
la demagogia política y las mentiras del oro.
miércoles, 26 de mayo de 2010
Hombres Verdes
Dimitri era un tipo corriente, con los ojos sesgados y pelo corto oscuro, a pesar de su extraño primer apellido, que delataba su origen latino. Sus ancestros posiblemente fueron de raza blanca, actualmente extinguida como el resto de las que existían antes.
- Parece que está más verde de lo normal, ¿no? - Dimitri continuaba deslizándose suavemente, insconsciente, pero ya sólo en compañía de dos enfermeros.
- Sí, seguro que su nivel de clorofenol está por los suelos.Venga, desactiva el antiG y deja que la gravedad se comporte como debe.- La camilla se apoyó firmemente sobre una mesa y su cuerpo dejó atrás el vaivén causado por el efecto de la presión que a veces, sin querer, ejercía hacia abajo uno de los enfermeros.
- Bueno, parece que tenemos a otro que no quería seguir luchando contra el CO2 - Dimitri estaba ahora en manos de la serie de tercera generación de QUIROF, uno más de entre los avances en medicina robótica de los últimos años.
- ¿Sabías que las concentraciones de los gases de efecto invernadero apenas han sufrido un descenso del 0,7%? - QUIROF ya había empezado a introducir innumerables tubos a Dimitri, que continuaba inconsciente, sumido en el plácido sueño que precede al brainoff.
- Sí..., ya hace más de 200 años que nos pusieron el gen de la clorofila y por mucho clorofenol que nos tomemos la gente sigue igual de mal y el planeta más contaminado.
En ese momento QUIROF sólo mostraba, expectante, un pulsador verde iluminado, que parpadeaba en mitad de un silencio absoluto.
martes, 18 de mayo de 2010
Domingos
Desayunó frugalmente evitando ver el miserable paisaje del barrio que se observaba por una de las desvencijadas ventanas de su piso. Aunque no era de su gusto tomó el metro, coger el autobús a esa hora no sólo le significaba un largo recorrido, sino la posibilidad de dialogar con sus vecinos del barrio, a los que no tenía nada que decir y con los cuales consideraba no tenía nada en común (personas que, según él, viven al día sin pretensiones de ningún tipo).
Ya en su antiguo barrio caminó por el parque de su infancia con el aire entrecortado por los años y los recuerdos. Se detuvo a observar la siempre hermosa y señorial arquitectura de las casas del lugar y en especial de aquella que alguna vez fue suya. Entró a la iglesia y escuchó la misa con solemnidad, a la salida saludo a todos y se deleitó con discreción del exquisito aroma del perfume de las damas y del buen tabaco de los hombres.
Aceptó la tradicional invitación a la cafetería para dialogar sobre los sucesos de la semana. Mientras conversaba de manera cuidada sobre política, valores y familia, degustaba como era la costumbre, de un buen café y pastelillos de nata. Antes de la hora de la despedida Mr. Mills se sacudió con premeditación su traje de lino para que todos alabaran, como siempre, su exquisito gusto. Cogió luego el fino bastón, se despidió de todos y salió al parque con el pretexto de caminar. Luego de un tiempo, cuando confirmó que todos ya habían regresado a sus señoriales casas, volvió con solemnidad al lugar y tomó el antiguo autobús para emprender el largo regreso al otro lado de la ciudad. Los domingos eran sus días preferidos.
lunes, 3 de mayo de 2010
Niños en un pañuelo
Una noche en Sikasso organizamos una cena con varios amigos malienses, en un lugar donde servían comida. Cada uno de ellos nos había invitado a comer en su humilde casa, y queríamos corresponderles. Las mujeres vestían telas muy brillantes y alegres, y se habían peinado para la ocasión. Una de las parejas llegó con un niño pequeño. Mientras esperábamos la comida y durante la misma, el padre y nosotros lo entretuvimos con juegos. El chico se convirtió en una de las animaciones de la cena. Pero comenzó a mostrar cansancio y a tener los primeros síntomas de sueño. ‹‹¿Qué ocurrirá ahora?›› Me pregunté. ‹‹En mi país lo normal es que acuesten al chico en el carrito. ¡Pero aquí no hay carrito!›› Nos ofrecimos a tener al niño en brazos mientras la madre terminaba de comer, pero ella no consintió. Sacó su gran pañuelo, se colocó al niño en su espalda, y terminó de comer de pié, con el plato en alto, sin sentarse, y sin agacharse tampoco, para que su hijo descansara bien.
viernes, 30 de abril de 2010
Tejedora
La mar regresó los cuerpos de todos los pescadores perdidos, menos de su marido. Su pequeño y ajado bote permanece aún meciéndose en el puerto. Cada tarde Clara baja con una gran manta, se sienta en él y se queda ahí hasta que cae el sol. Luego regresa a casa y continúa tejiendo.
miércoles, 28 de abril de 2010
Mr Collins spin-off: “La felicidad cotidiana”
Terminado su oficio, el señor Collins se encaminó a casa, donde su mujer le esperaba de excelente humor. Cuando terminaron de comer, Charlotte le comunicó aquello que la alegraba tanto.
-Elizabeth me ha invitado a pasar unos días en Pemberley. Ahora se celebra una feria en Derbyshire y quiere que vayamos juntas.
-No sé si es correcto que abandones nuestro hogar-. Collins le contestaba mientras confeccionaba el próximo sermón.
-Podré adquirir algunas cosas que necesitamos.
-Creo que no es buena idea…
-El niño se vendrá conmigo, le vendrá bien un cambio de aires.
-En esta edad le conviene estar siempre cerca de su padre y de su valiosa guía.
-Nos iremos el próximo lunes.
-Tengo que decir…
-Escribiré a Elizabeth ahora mismo para decírselo -Charlotte se levantó decidida y salió de la habitación.
Unas horas más tarde, el señor Collins estaba sentado en su preciado jardín con su hijo. La luz del sol ya declinaba y, aunque durante el día había calentado vivamente los campos, ahora daba paso a una fresca brisa nocturna. A pesar de esto, el voluntarioso padre no quería que su hijo se recogiera sin entender la parábola del sembrador.
-Entonces, ¿comprendes ya lo que ocurrió con las semillas?
-Pues que unas crecieron y otras no…- el pequeño Charles jugueteaba distraídamente con un bichito despistado.
-Pero, ¿a qué es debido esto?
-Papá, ¡tengo frío!
-La semilla es un importante símbolo con el cual me siento muy identificado…
-Charles, ¡venga para adentro! Es tarde-. El chico no hizo esperar a su madre y, ante el estupor de su otro progenitor, se escabulló rápidamente dentro de la casa.
“Querido señor Bennet:
Como sé cuánto le gustan mis misivas, no quiero que por mi desidia le falte dicho placer. Por eso vuelvo a escribirle, aunque esta vez no para contarle ninguna novedad acaecida recientemente, sino simplemente para hablarle de la confortable existencia que tengo la suerte de vivir. Porque unido al amor de mi querida Charlotte, a la admiración y el cariño de mis buenos feligreses y a la incomparable protección y amistad que me ofrece Lady Catherine, que casi podría decir que no merezco, se une ahora la satisfacción que me produce mi hijo. El cual, aunque joven, ya va mostrando el fruto de mis enseñanzas. Así que puedo decir, señor Bennet, que tengo una vida plena y dichosa…”
lunes, 26 de abril de 2010
Lara
martes, 20 de abril de 2010
Orgullo y prejuicio (y zombies)
Profesor Constantin Pilgrim. Universidad de Berkeley.
Con una apelación al deber sacramental que atañe a cualquier varón con posibles. Así comienza la obra cumbre de Jane Austen (Steventon, 1775 – Winchester, 1817) quien mucho se cuidó de no seguir para sí esta proclama, sabedora de que esta institución supondría un serio obstáculo al desenvolvimiento de su apabullante apetito carnal
En efecto, la biografía de la escritora de Hampshire está jalonada por una feroz resistencia al matrimonio. Actitud que en modo alguno –y menos en su caso- debe equipararse a castidad. Muy al contrario, y pese a los aparentes recatos de la sociedad victoriana, Austen hace gala en sus misivas de una promiscuidad exacerbada, orgullosa y exenta de prejuicios morales.
Pero no hay que acudir a su correspondencia privada para encontrar las evidencias de su principal pasatiempo -por encima, incluso, de la literatura-. El relato de Austen está salpicado de picantes juegos de palabras, guiños sexuales y dobles (y triples) sentidos que, ocultos para las más mojigatas de la corte victoriana, hacían las delicias de sus representantes más despabiladas.
Sin ánimo exhaustivo, Yorker (1) señala algunas referencias sexuales más o menos explícitas (en incluso episodios de esclavismo sexual) en los personajes femeninos de Orgullo y Prejuicio:
-“¿Cuál es el precio habitual del segundo hijo de un conde?”-. Capítulo XXXIII
-“Un consuelo excelente dentro de lo que cabe, dijo Elizabeth, pero a nosotras no nos sirve"- (sic). Capítulo XXV.
-“Durante el tête à tête de un cuarto de hora con la Señora Bennet antes del desayuno (…) entre sonrisas de gran complacencia y general aliento le hizo una confidencia al joven clérigo acerca de aquella misma Jane en la que el Señor Collins había fijado sus esperanzas”- Capítulo XV.
-"Elizabeth le rogó con gran ardor que no perdiera más tiempo"- Capítulo IL.
Pero también los personajes masculinos se muestran revestidos de un halo de lascivia (in)contenida. Señala Yorker en su ensayo que bajo el deseo del Señor Collins de conseguir esposa subyace una idea mucho menos pacata: cansado de someterse al ánimo voluble de lady Catherine de Bourgh, ahora su mayor anhelo es ser desposado, no en el sentido nupcial, precisamente, sino en el del consabido rito sadomasoquista en el que la hembra-opresora sólo libera al varón-rehén hasta haberle infligido indecibles padecimientos.
Siguiendo el mismo ejemplo, es muy significativa la ligereza con la que el reverendo establece su preferencia carnal de una a otra de las jóvenes hermanas Bennet en la misma entrevista con la madre de ambas (capítulo XV). Bajo el foco del lector sagaz lo que se alumbra es el afán de procurarse una relación triangular e incestuosa.
No en vano, se ha afirmado que Austen es el máximo exponente de la llamada “paradoja anglo-hispana”: la contención sexual, que en la literatura española conduce al drama y a la tragedia, en la tradición británica termina desatándose con verdadero libertinaje (3).
Vemos, pues, con Yorker, que las claves de esta relectura no son del todo originales, si bien la efectuada en 2007 por Grahame-Smith (4) sí aporta una nueva dimensión al universo austeniano, oculta durante los casi dos siglos que nos separan desde la primera publicación de la obra.
Aunque de forma sutil, en Orgullo y Prejuico (1813) -como después en La Abadía de Northanger (1818)- se adivina un gusto necrófilo en algunos de sus protagonistas, vistos -hasta el estertor del s XX- como paradigmas del amor romántico.
Así, desde el comienzo de la novela conocemos que el joven Señor Bingley se afinca en Netherfield Park (4). El nombre escogido no es inocente: se trata de una alusión directa a las fosas comunes que existieran en las tierras sobre los que luego se edificaron suntuosas casa de campo de estilo victoriano. En efecto, es sabido que a lo largo de la campiña inglesa fueron enterrados vivos decenas de hombres y mujeres acusados de realizar prácticas sacrílegas, gozar con el bestialismo y ejercer la brujería (5). La rehabilitación de estos espacios, y el otorgamiento de muchos beneficios eclesiásticos se explican como una maniobra para echar tierra a la vergonzante intrahistoria religiosa británica.
Con todo ello no es casual que Grahame-Smith (New York, 1976) se sirva de la novela de Austen para situar su particular festín de vísceras y hemoglobina en el que cobra verismo la hipótesis de que la fuerte secreción de estrógenos de la segunda hija de los Bennet sea percibida por criaturas de ultratumba que, confinados y condenados a una purga de abstinencia ab-aeternum, emergen de las profundidades, confabulados para reincidir en sus prácticas pecaminosas de antaño.
Hay que decir que Grahame-Smith se erige en su obra como un perfecto conocedor de los resortes del diálogo, y que en nada desmerecen los de su obra con la inteligencia que rezuman las disputas dialécticas con que la escritora dieciochesca impulsa sus novelas. Tan es así que los expertos ya sitúan entre las piezas clásicas de la literatura universal aquella conversación que mantienen el Sr Darcy, ya completamente transmutado en un ser de ultratumba, y la Srta. Elizabeth (Lizzy), que acaba de sufrir la dentellada del zombilord inglés dejando al descubierto parte de su estructura ósea.
- ¡Mi brazo! ¡Dios mio! ¡Se está cangrenando, hijo de puta! ¡Mira lo que has hecho!
- Ahhhh, aaaah gorrlr
- ¡Cabrón, hijo de puta!... ¡ Zombie de mierda!
- Sshhhzzz pppurrr aaaaj
Este breve extracto (6) es el máximo exponente de la literatura zómbica, caracterizada por el esfuerzo permanente en lograr una fiel transcripción fonética del arquetípico sonido gutural de los muertos vivientes.
La secreción hormonal como causa de la reacción carnal, clave de bóveda de la obra de una mujer, escritora, del siglo XVIII. Y secreción hormonal como causa de la resurrección carnal, leit motiv de la obra de un hombre (genio), escritor, del siglo XXI. Génesis y apocalípsis, alfa y omega sucediéndose sin solución de continuidad. Giros de tuerca freudianos como trasunto de una epítome cósmica (7).
(1) J. D. YORKER. Pride and prejuice. Deconstructing a few evidences of the Austen´s Sexual world. Cambridge. 1993.
(2) SETH GRAHAME-SMITH. Pride and prejudice and zombies. Quirkbooks 2009.
(3 GIBSON, IAN. “Sensualidad y sexualidad en el segundo y tercer Lorca”. Instituto Andaluz de la Mujer. Junta de Andalucía 2003.
(4) Nota del T. Una traducción literal de Nether-field Park sería “campo de las profundidades”.
(5) "De divinis iustitia - de humanis pecatum”" Anglican archives in St Michael’s Church, Southamptom.
(6) En enero de 2010, Grahame-Smith salió al paso de una grave acusación de plagio admitiendo en su obra “influencias del mejor Salinger, pero en modo alguno plagio de varios de sus pasajes literarios”.
(7) The zombies. She’s not there. Decca. 1964.
miércoles, 14 de abril de 2010
Tortilla de boquerones
½ kg de boquerones
6 huevos
1 diente de ajo
aceite de oliva virgen
sal
½ gindilla
perejil
Prepara los boquerones en un plato aparte. Te mirarán fijamente, pero no te preocupes, ya no te pueden morder. Luego empieza a decapitarlos uno a uno, y procura, al quitarles la cabeza, que salgan también las espinas y la cola. Así el boquerón queda limpio y sin unos ojos acusadores que te den remordimientos. Termina de dejarlo irreconocible para sus familiares cortándolo en trocitos pequeños.
A continuación, pica media guindilla y un diente de ajo sin miedo, lo de llorar es con la cebolla. Vierte un poquito de aceite en ese plato metálico, negro y con mango, que te regaló tu madre por reyes, y que gracias al microondas y a las pizzas congeladas no has necesitado utilizar hasta el día de hoy. Enciende el fuego y calienta un poco el aceite. Luego echa en él los trocitos de ajo y guindilla. Cuando el ajo esté dorado, incorpora los boquerones y remuévelos con esa cuchara grande de madera que lleva sin salir del cajón de la cocina desde ni se sabe, pidiendo una oportunidad. Luego coge seis huevos y, uno a uno, ábrelos por la mitad haciéndolos romper en el borde de un recipiente, como habrás visto en alguna película o en alguna serie. Procura sacar con cuidado los trozos de cáscara que irremisiblemente se te caerán dentro. Échales una pizca de sal y unas ramitas de perejil picado. Luego añade los boquerones a los huevos, mezcla todo con cariño, y ponlo nuevamente al fuego.
Ya casi está hecha, pero todavía no puedes levantar los brazos como si hubiese metido un gol la selección, ni llamar por teléfono a todo el mundo diciendo que has hecho una tortilla de boquerones. Queda un paso importante. Debe de hacerse por los dos lados, por lo que no hay más remedio que darle la vuelta de vez en cuando, para que no se seque. Cuando tenga la apariencia que suelen tener las tortillas de boquerones (eso si lo sabrás porque habrás comido alguna), sácala del fuego y prepárala en un plato grande para que vista más. Remata la faena añadiendo un poco de perejil por encima. Que parezca que sabes.
¡A quien se le ocurre invitar a los amigos a casa diciendo que te gusta cocinar!
martes, 13 de abril de 2010
Cotidianidad
El inquilino del 3º piso, tumbado en la cama, observa el espectáculo que sale del armario de su habitación, un frondoso jardín envuelto por una intensa luz que lo penetra todo, a su lado, una escalera de peldaños dorados suspendida en el aire. Él mira la escena con la seguridad y la calma de quien ha encontrado al fin respuestas, comprendiendo que es posible creer, y entonces sintió que no estaba solo.
domingo, 11 de abril de 2010
Supervivencia
Aquél muro de contención escondía demasiados fracasos y desengaños de los que ella hubiera podido soportar, de no ser por aquella coraza indestructible a través de la cuál era imposible oír el llanto de aquella niña asustada.
jueves, 8 de abril de 2010
Anduve buscando.
respirando confundido nunca di por terminado el camino elegido.
Cuántas veces el destello de la luna o un estanque, que más da!,
cuántas veces me ha seducido.
Y creyendo encontrar descanso, ay! Pobre de mi, he terminado envilecido.
Y no culpo a la pureza, pues bien se que fue cierta, más o menos intensa,
pero siempre atenta.
No culpo al agua ni al cristal.
Culpo al reflejo, es lo que más miedo me da.
En el vidrio irisado de ojos tan enamorados he acertado a verme desnudo,
sin piel, agazapado.
Que horror!, que espanto! Ya me han desenmascarado.
Es entonces cuando la ira y la locura se presentan, a codazos apartan la conciencia
y la lengua viperina libre se expresa.
Dulce ahogo las lágrimas del desconsuelo que poco a poco horadan el corazón lozano que en ese momento tenga entre mis manos.
Aniquilo la presencia, con risa falsa y docta exigencia.
Para después, camino al cadalso, mil absurdas razones poder ir balbuceando.
Esta visión, este esperpento, se torna realidad, lo llevo muy adentro.
Es por eso que al reflejarme en limpias pupilas la tragedia renace,
me persigue y atosiga.
miércoles, 31 de marzo de 2010
La dulce cotidianeidad
Siempre había odiado esa tendencia colectiva de apego a la primavera, para ella no había estación más agradable que el otoño, pero esta vez había algo particularmente seductor en el ambiente. Mientras caminaba llegó a sospechar de sí misma al verse tan florecida como los parques, planteándose de hecho, si aquella alegría y entusiasmo eran realmente normales, si no estaría en un estado de euforia ficticia luego de la cual vendría una profunda depresión, se preocupó, sin embargo, decidió que lo mejor era apurar el paso para llegar pronto a la panadería y no perderse el pan caliente con frutos secos que tanto le gustaba y que ya empezaba a saborear.
No amarás
martes, 30 de marzo de 2010
La amarga levedad del ser
-Disculpe, ¿conoce usted a una mujer llamada Sabina, que vive ahí enfrente?
-Sí, usted… ¿cómo lo supo? - Respondió aturdido el hombre.
-Mi nombre es Tomás y vengo desde Zúrich a visitar a Sabina.
-Yo me llamo Franz. ¿Ha sabido usted algo de Sabina?
-No, he tratado de comunicarme con ella pero no lo he logrado.
Conversaron por un buen rato y se despidieron. Franz empezó a paladear la amarga levedad del ser después que Tomás le hablara sobre Sabina.
lunes, 29 de marzo de 2010
A tres pies sobre el suelo.
jueves, 25 de marzo de 2010
La levedad y el peso
martes, 23 de marzo de 2010
Soneto Laxativo
De vez en cuando, y a modo de ejercicio
combato la congoja al folio en blanco.
Sentado, nada fluye. Me levanto
y mis pasos conducen al servicio.
Ansío la inspiración mientras devano
mis sesos, mas también los intestinos.
¿Musas en el retrete? ¡Desatino!
Otra vez, tanto esfuerzo ha sido en vano.
Estreñido de vientre y de meninges
deambulo con la duda por mi cuarto:
-¿Debe el poeta cruzar aquella linde
que separa el buen gusto de lo guarro?-
-¡Hete aquí la respuesta!-. Yo me dije
(Y el mismo vientre irrumpe en un aplauso)
domingo, 21 de marzo de 2010
Desengaños
- Lo siento, no podía soportar que todo fuera tan previsible….
***
Fernando, siempre había vivido al día. Le gustaban las novedades y era rara la ocasión que no tenía alguna buena anécdota que contar a sus amigos. Todo aquello le hacía disfrutar cada vez más de la vida. Un día la vio y se enamoró, como le había ocurrido tantas veces con otras mujeres. Normalmente era un pequeño detalle el que hacía que se fijara en ellas. Un delicado gesto al tocarse el pelo, una sonrisa discreta mientras pensaba en algo, el brillo de sus ojos en un momento determinado… En esta ocasión no supo qué es lo que fue, pero igualmente decidió seguirla hasta encontrar la oportunidad de entablar alguna conversación con ella. A los pocos minutos se paró frente a un kiosco para comprar tabaco, momento que aprovechó para pedirle fuego. Le dio el mechero casi sin mirarle, y continuó su camino. A pesar de sus esfuerzos en los días siguientes no consiguió nada de ella. Lo intentó de mil formas posibles, pero no hubo manera. No estaba casada, ni tenía novio ni novia, una vida normal y nada que objetarle. Simplemente él no le interesaba. Su obsesión por ella llegó a tal extremo, que unos momentos antes de saltar del puente, gritó:
- Tan sólo quería una vida normal
sábado, 20 de marzo de 2010
El lado bueno de la levedad
- Tía, de verdad, estás fatal, no puedo creer que otra vez me vengas con lo mismo...
En aquel momento saltó el Play en mi cabeza y empezó a sonar aquella estridente canción.
(hacer clic sobre el link con el botón derecho y "abrir enlace en una pestaña nueva" y tras un minuto de escucha seguir leyendo con la música de fondo)
http://www.youtube.com/watch?v=s0RT8KoqMVw
Él continuaba con su argumento sobre lo erróneo de aquella decisión y lo irrespetuoso de no querer hablarlo en persona, pero yo ya no podía oirle, el volumen de la música y sus alaridos no me dejaban escucharle.
Poco después unos pitidos me espabilaron, había colgado. Entonces pensé que tenía toda la razón, estaba fatal, me estaba saltando las reglas del mundo adulto. Pero una especie de sonrisa reflejada en la vitrina del salón me recordó la inconmesurable alegría que me proporcionaba la levedad de mi ser.
miércoles, 17 de marzo de 2010
La complicada historia de lo simple
Ahora no se le ve mucha relación con el libro que estamos leyendo, pero de verdad que se me ocurrió a raíz de su lectura. Meditaba sobre la idea de que a veces somos nosotros los que nos complicamos la vida dándole al tarro...
En su mirada solía haber un halo de tristeza. Como cuando los ojos de alguien brillan repentinamente y decimos “un destello de felicidad iluminó su mirada”, pero en su caso siempre era de tristeza. A veces esta luz permanecía largo rato, otras veces aparecía súbitamente y se marchaba de la misma forma. A veces, surgía tras una tímida sonrisa, como para frenar la promesa de un momento de alegría. Él se preguntaba qué podía haberla entristecido tanto y hablaba con ella intentando averiguarlo. Pero hablaron tanto que ya no quiso dejarla marchar. Se juró a si mismo que borraría de su alma todos los malos recuerdos para sustituirlos por otros alegres, que fuera cual fuera su pena, acabaría desterrándola de su rostro. Ella se quedó con él, aseguraba que era feliz, pero el destello de tristeza no había desaparecido. Incluso se podría decir que ahora se manifestaba más a menudo. Un día al despertar, sus ojos no podían ver. Se asustaron mucho y él la llevó rápidamente al hospital. Allí estuvo varios días hasta que le quitaron las vendas. -Si todo ha salido bien, debería volver a ver sin problemas- dijo el médico. Le quitaron las vendas y ella dio un grito de júbilo, veía perfectamente. Ahora él la miraba fijamente cuando hablaba, el halo de tristeza se había desvanecido, en su lugar había quedado una peculiar bizquera. En unos días su melancólica enamorada había sido sustituida por una chica que parecía haberse tomado un par de copas de más. Suerte que este nuevo destello era más esporádico que el anterior.
martes, 16 de marzo de 2010
tsunami
viernes, 5 de marzo de 2010
Lluvia
martes, 23 de febrero de 2010
En el próximo viaje
Él tiene un libro en una mano, y en la otra una pipa, que apenas aparta de su boca. En la oscuridad del salón, una lámpara de sobremesa desvela su piel cuarteada, y sus párpados abultados, que le dan el aspecto de un viejo capitán que no se hundió con su barco. En una pausa suelta el libro, acerca un mechero a la pipa, y aspira para que vuelva a prender el tabaco. Mira hacia la estantería. Ella está tras el cristal, observándole, cerca de su ex mujer y sus dos hijos, que también parecen mirarle desde el porta-fotos. El que esconde cuando llegan las visitas. Vuelve al libro, a un par de páginas atrás, y comienza a leer en voz alta, muy despacio. Un párrafo, y luego otro, hasta terminar el capítulo. Después vuelve a mirarla, esperando su aprobación. Su caparazón brilla con la luz artificial. No se ha refugiado en él, sigue con su cabecita fuera, observándole. "Sé que me has echado de menos, preciosa. En el próximo viaje te llevaré".
Los otros
- Qué raro es, pensaba, viste todo de negro y lee unas revistas de música extrañísimas.
- Qué niña más peculiar, pensó el muchacho, con gafas de sol dentro del vagón.
A unos metros, agarrado a la barra del tren de cercanías, un funcionario de Correos que cada mañana cogía ese trayecto para ir a trabajar, susurraba a su novia:
- Vaya par de dos esos de ahí. Todo el tren vacío y se van a sentar en la última fila, donde no hay ventanas para mirar el paisaje.
Etc, etc, etc.
domingo, 21 de febrero de 2010
Hormigas
Siempre me sentí como una hormiga. Qué ridículas me parecían cuando de niño las observaba trabajar con afán, sin desfallecer nunca, recogiendo cualquier pequeña miga de lo que fuera… y qué poderoso me sentía yo, cuando decidía ponerles cualquier obstáculo, para que tuvieran que dar la vuelta, pero daba igual, ellas siempre persistían en su empeño… ¿para qué? Simplemente para subsistir.
¿Y qué hacemos nosotros los hombres sino eso? ¿no es lo mismo si te sitúas en lo alto y los observas cómo se dirigen todos a ninguna parte, con prisas, como si lo que hicieran fuera lo más importante… con sus angustias, sus miedos, sus preguntas filosóficas… ¿para qué?
Hace tiempo que dejé de plantearme ya todo esto. Me gusta mirar el mar cuando no hay nadie, me gusta sentir el aire en la cara cuando sopla fuerte, o salir cuando llueve … Lo demás no importa.
viernes, 5 de febrero de 2010
Plenitud
martes, 2 de febrero de 2010
Ausencia
viernes, 30 de octubre de 2009
Gastón
Zayda
jueves, 29 de octubre de 2009
Olvido
Sin dudarlo compró y bebió aquel jarabe y acto seguido, comenzó a recordar un sinfín de nombres y fechas, rostros y lugares que había borrado de su memoria.
Pasó largas horas disfrutando de aquellos pensamientos, imágenes inagotables venían a su mente y cada nuevo hallazgo le transportaba a otro tiempo en que había sido feliz. Esos fueron los primeros días, en que parece que sólo venían a él las mejores horas vividas, las que con más fuerza se agolpaban en su cabeza.
Sin embargo, una tarde, postrado en el sillón, donde pasaba días enteros con sus pensamientos, vino como un dolor de estómago, un mal recuerdo. Y así comenzó, uno tras otro, a presentarse el horror. Recordó cada herida, cada fracaso, cada decepción , y una tristeza inmensa se apoderó de él, no podía soportar aquello.
Hundido, se dirigió a la tienda dispuesto a devolver el líquido prodigioso. - ¿No le ha servido? -le preguntó el anciano-.
-No -respondió-. No lo quiero. Necesito el olvido para imaginar quién soy.
domingo, 25 de octubre de 2009
Biografías
Capítulo 18 y penúltimo
Nací en un hermoso pueblo junto al océano. Tuve esa suerte, y desde ese mismo momento mi vida estuvo ligada al Atlántico. Crecí en una familia de pescadores. El día a día era muy duro, pero la lucha y el trabajo bien hecho eran reconfortantes. Encontré la felicidad viviendo de esa forma sencilla y honesta. Y apasionada, porque del mismo modo que tenías que trabajar dejándote la piel, los ratos buenos también había que vivirlos intensamente.
Pasó el tiempo, me hice mayor y necesité un golpe de timón. Cambié el Atlántico por el Mediterráneo y me enamoré de este mar. Allí pasé mis últimos años, viviendo en un barco atracado cerca de la playa y disfrutando de la hospitalidad del pueblo español.
El último año fue muy especial. Caras nuevas y totalmente inesperadas irrumpieron en mi vida. Una pintora solitaria y un montón de chicos jóvenes se convirtieron en compañeros de vida. Incluso me ayudaron a defender mi casa cuando estuve a punto de perderla. Recuerdo el último día, todos llorando alrededor de mi cama mientras contemplaban mi cuerpo inerte. Pero también había otras caras, miles de rostros que yo no conocía y que lloraban amargamente. Y recuerdo sus gritos ahogados… “¡CHANQUETE HA MUERTO!”.
miércoles, 21 de octubre de 2009
Escribir para sentir
El hecho de crear algo para mí supone, sobre todo, provocar algún sentimiento, tanto a nosotros como a los demás. La contemplación del arte por sí misma ya provoca estupendas sensaciones para aquellos que tienen una pizca de sensibilidad. A la hora de hacerlo por uno mismo el placer es doble porque además tienes el incentivo de ver qué hay dentro de ti. Y esa es tal vez la razón principal por la que me gustaría escribir, la misma por la que siempre me he lanzado a participar de lleno en todas las cosas que me atraen.
Uno de los lemas de toda la historia que creo que más he aplicado sin darme cuenta es la premisa punki de "Hazlo tú mismo" o "Do it yourself". No creo que sea necesario ser un genio para crear. No hay que ser tan exigentes con nosotros mismos. No todos podemos ser Cervantes, Goya o Mozart. Está claro que si nuestra intención es perdurar en el tiempo por nuestro legado artístico y fascinar al mundo es requisito casi fundamental ser un genio y hacer las cosas muy bien. Pero si, como en mi caso, la idea que nos mueve es vivir un buen momento con lo que estamos haciendo, creo que todos tenemos el derecho de participar en aquello que nos entusiasma. Así que cada vez que siento esa necesidad de hacerme sentir algo nuevo me permito el lujo de hacerlo sin importarme demasiado las críticas negativas que sin duda aquello que hago recibiría del público exterior.
martes, 20 de octubre de 2009
¿Por qué escribir?
Algo que crece, se rompe, evoluciona, y es tangible en la escritura. Algo que tiene un espacio, donde permanecer y desarrollarse. Tiene un ritmo, una sucesión, una continuidad de identidades que se escriben y leen a través del tiempo, construyendo mi historia personal. Desde la escritura leo todas mis vidas, las vividas y las inventadas, y así se, que fui, que estuve allí.
Escribir para encontrarse, para saber quien eres, para no dejar al olvido el último renglón, para imprimir un testimonio de lo vivido, de lo nunca dicho. Escribir para el mañana, leerse en el ayer, deletrearse en el papel de los días que se van inciertos, marchitos, innombrables, si no fuera por cada palabra que queda escrita hoy.